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Como todos sabemos, la obra del novelista frances Marcel Proust, se titula, a nivel generico: "En busca del tiempo perdido". Las seis novelas de la saga retratatan la juventud y casi madurez de su autor en los salones mas prestigiosos de la infancia, un recorrido que comienza, inocentemente, cuando Proust hunde una magdalena en su te y los recuerdos del pasado cercano lo invaden.
Tal vez a usted le pase lo mismo, con la diferencia, importante, de que lo que usted hace, lo que usted hizo, mejor dicho, para invocar sus recuerdos juveniles en Aranjuez haya sido morder una rica, dorada, jugosa naranja, y ese hecho lo hizo retroceder al pasado, a ese pasado maravilloso donde no habia obligaciones solo diversiones, divertimentos si usamos la palabra del argentino Julio Cortázar que le puso ese nombre a uno de sus libros de miscelaneas.
Usted recordara, mordiendo esa rica naranja, como era ser niño en Aranjuez, como era vivir sin computadoras, vivir sin internet, sin youtube, sin tantas cosas tecnologias que no pueden compararse a la maravilla de vivir ese presente que ahora es pasado, ese presente que ahora es pasado donde eramos niños, y niños felices.
Niños muy pero muy felices, niños que parecian vivir su cumpleaños todos los dias, asi de excitante era su vida. ¡Que bellas eran esas tardes! ¡Que hermoso era saber que, terminadas las obligaciones, uno podia divertirse sanamente! El broche de esas tardes epicas era siempre el mismo: disfrutar una naranjas valenciana, rica, redonda, bella, jugosa, una naranja que nunca parecia acabarse. Una naranja que nos devolvia el placer de sentirnos vivos y la energia gastada tras tantas horas de juego.
Lamentablemente los niños de hoy no conocen esa epoca, donde uno se divertia sin una computadora, y tampoco saben lo que es terminar un dia lleno de diversiones sintiendo en la boca el sabor de una verdadera naranja porque no las han probado. Por supuesto, existen mercados, mercados que tienen naranjas, naranjas que parecen brillantes y ricas pero, al probarlas, lo que descubre el consumidor es que saben... a nada.
Por esa razon, los jovenes agricultores de naranjas de Valencia decidieron permitirle a la gente comprar sus naranjas valencianas, tan grandes y dulces que son el sueño prohibido de todo niño; naranjas de Valencia similares a las narradas por Bradbury solo que aquellas existian en el papel y estas en la realidad, disfrutable y mordible realidad.
Si usted vive en Aranjuez y quiere comprar naranjas valencianas verdaderas, grandes y jugosas solo ingrese al sitio web de estos jovenes agricultores: http://www.naranjasdelmijares.com

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